martes, 14 de noviembre de 2017

Texturas

Tubos en un gris plomizo,  que se deslizan vagos piteados por la ferruge ,salpican las fachadas viejas de un centro decadente, con ese aire melancólico que tienen las ciudades bohemias.
Llueve y es invierno , entre la prisa de unos fantasmas que recorren las calles , muriendo en vida por llegar a sus casas tras un día de trabajo y esfuerzos ,que solo compensan el leve sentimiento de utilidad que se le inculca al colectivo.
Masas de hierro con ruedas ,  aprietan el cláxon en histeria tratando de ganar centímetros en una carrera de ratas por las vías de acceso a  espacios con aire fresco.
Locales empañados por el vaho del frío en las lunas, garrapiñando individuos sin cara ni oidos , que repiten conversaciones trilladas de deportes, política y sexo, ansiosos por devorar un cigarrillo negro , que por el estado de las calles ya se les antoja un tanto difícil.
Y en el medio del jardín, avasallado por las pisadas de críos inclementes, y balonazos contra los árboles, una flor.
Desafío eterno a las texturas en el organigrama insulso de la ciudad.

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