Con los primeros días de calefacción ,del bloque quejumbroso del barrio, donde reside nuestro hilador de versos , otrora olvidado , hoy de vuelta a las andadas, los pies fríos , trajeron un corazón caliente.
Una vecina enroscada en un moño desaliñado con una camiseta amplia llena de harina , apareció grácil en la puerta de este muerto de hambre , a pedir , precisamente azúcar para terminar una tarta de calabaza para los críos a los que cuidaba , por las fiestas de la noche de brujas. Extendió la taza con una sonrisa amplia, y los tintineos ,en el latido del alma figurante, del escritor a tiempo parcial,se repitieron certeros,y estaban construyendo un pedestal de alabastro a cada pestaña y un altar a cada rizo que caía en cascada desde su cara.
Con aire canalla la invitó a pasar , y vergonzosa , presenció el desorden que rodeaba su existencia.
-¡Madre mía , eres un desastre! -Dijo mientras reía profusamente y agarraba algunos garabatos que acompañaban a los textos. ¿Eres pintor? -preguntó.
"Mayormente escribo, pero me gusta definirme como un alma bohemia", voceaba desde la cocina, mientras se despedía de la poca melaza, que le quedaba para el café de por las mañanas , para dársela a la muchacha, que husmeaba con curiosidad y tiento , las plumas , la tinta y los lapiceros.
"Aquí, está el azúcar , si necesitas más , no lo dudes , y pídemelo" (que yo lo compraré , ya que te digo esto, dándote el último que me queda, pero no quiero que parezca que mi frigorífico tiembla mas que las hojs de otoño)
"Muchas gracias guapo, en cuanto la acabe , te bajo un trozo".
Y con esa promesa se quedó, con un palmo de narices mirando como las dos piernas enfundadas en el pantalón de deporte se bamboleaban subiendo por la escalera.
Y puso música , renegociando con su cabeza el bonito momento , en el que esa sencilla diosa del desenfado envuelta en una mezcla explosiva de recatamiento y soltura , le había pedido una simple taza de endulzante, pringada de harina, y con el pelo despeinado como una escarola de color petroleo.
En cuestión de cuatro horas , ya casi a las diez de la noche, sonó el timbre por segunda vez en la tarde. Una vecina , esta vez con los rizos sueltos , y un plato abultado envuelto en papel de aluminio , saludaba por la mirilla. Y , como siempre , él con esas pintas , con sus pantalones de aireado natural en la entrepierna, unas babuchas de pelo , y el flequillo por los ojos,´¡Qué se le iba a hacer! La oportunidad , quizas no se iba a repetir...
Abrió lentamente y le dijo... ¿Eso que llevas es para mí?, ¿No será la tarta que llevo esperando , toda la tarde?
(Ay , truhan , como sabes envolver el caramelo...) Y con cara de orgullo se la extendió con las dos manos y le dijo "Toda suya , Señor Escritor, muchas gracias por el azúcar, pareció adivinar la medida justa"(menos mal , porque no tenía mas).
Vio el cielo abierto de su inspiración, y le ofreció , lo unico que sabia ofrecer a los mortales en agradecimiento...
"Pues ahora , la vamos a probar juntos , con este vinito que tengo por aquí, un poco de música y te leo alguna poesía de las que hago, espero que sea un justo pago por haberte robado un poquito de tu cocina"
La chica accedió encantada, y allí retomó nuestro muchacho leonés, sus clases de cortejo femenino.
A la tercera copa, sonrosadas las mejillas , le preguntó con una falsa inocencia, de esas que solo se gastan los viejos zorros... ¿Por qué me llamaste guapo al despedirte, llamas así a la gente? y ella, que ya tenía la risa floja , le contestó con firmeza , "por que me pareces , muy guapo" . Acababa de firmar un crucero , que incluía , viaje de ida y vuelta al Parnaso , cruzando el jardín de las delicias , y no se había dado cuenta . Unos labios jugosos cubrieron los suyos , y el suelo de la sala de estar ,junto con las mantas, fueron testigos de un desorden de ropas y jadeos, como hacía mucho tiempo que no presenciaban aquellos cojines. Tras el primer asalto , envueltos en la funda del sofá, y con una copa de vino cada uno, sonrieron echando un pitillo a medias, y entre ternezas, besos dulces en los labios y susurros , el poeta le dijo con voz carraspeante...
"Habrá que degustar otro trocito , ¿no? ...y pedacito a pedacito, fue sintiendo como una mano corría traviesa entre sus muslos , y reclinada en la pared, un tigre de Bengala ,le daba sorbos de vino tinto , mientras desenvolvía la pupa que la funda había hecho de si , descubriendo un cuerpo ávido de mas refriega.
Y así, entre dulce de calabaza , morapio de cosecha , manos tibias , y pasión deslumbrante , fueron haciendo más cálida la estancia , empañando los cristales hasta dibujar corazones sonrientes, derramando la dicha de estar vivos, y el trazo de la casualidad ,en un grito antes de caer dormidos.
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