El dulce destello,de una libélula silenciosa ,sella la tarde.Cual río misterioso de carpas coloridas,
en tonos nacarados manchados con sable,restriega a unos ojos llorosos el espectáculo de su paz , recogido bajo un té,de verdes exuberantes tallados en bambú,
mecidos por el viento inacabado de laurel.
Naturaleza absorta en un puente de madera cálida ,de brazos tibios y hondo suspirar ,
sentada con el koto en las rodillas, rezando melodías de trinos y cantos lastimeros.
Un hanfu blanco arrastrando por la ruta, delata pasos de unas púas en peineta florida
y trenzas mimadas con esmero capital.
Vagar siseante , huli jing saltarín, baile mezclado con sátiva, y qiang que traspasa las almas.
Abanico raso de un rojo desteñido, desespero inquieto del silencio agarrotado.
Dueña y señora muda de la palidez y la sangre.

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