Después de la última refriega con los gañanes de la comarca leonesa aquella , no tenía muchas ganas de aspavientos, el rizador de palabras, ni de volver a las andadas por las tascas de la zona del rastro de La Latina,.
Pero el sol engañoso de primavera tardía lo convenció.Casi por arte de magia, dando un paseo a plena luz del día , una gota traviesa de sudor aliñó de sal , la frente revuelta por el cabello al desdén que casi sobrepasaba ya la nariz, y la sed lo condujo volando a una barra y una cerveza con gaseosa ,frente a un tipo con bigote y unos azulejos con un bodegón pintado.
Se le antojó correcto todo aquello y a la cuarta , pidió una hoja y un bolígrafo y escribió cinco o seis poemas , como si de una necesidad de vomitar sangre se tratara.
Allí pasó ensimismado juntando letras cual si fuera un acertijo de crucigrama mental, hasta que echaron la persiana, y amablemente le indicaron , que un par de manzanas más adelante , había un "pub" que cerraba dos horas después.
Con un fondo de bastante "quina" , se le antojó una idea brillante e inspiradora. Llevaba aburrido semanas , y aquello era , tristemente el suceso de mayor emoción, que le había acaecido desde cruzarse con la pelirroja soñada,al bajarse del autocar en el apeadero de la aldea.
El cambio de fauna era impresionante , y ni siquiera se había inmutado. Tras una kilométrica barra repleta de botellas de fondo , y guarnecido por un ruido ensordecedor se hallaba un joven bien parecido pero vestido y peinado , como si hubiera salido de una pasarela de modelos masculinos. Nuestro muchacho , sintió vergüenza. Camiseta psicodélica , desteñida con lejía, raída , y dos piteras de tabaco , unos pantalones ajustados que poco dejaban a la imaginación con roto natural en la entrepierna , y no de diseño en la rodilla ... y botas ,casi recién pescadas de un río cenagoso...
¡Ideal para la cita de sus sueños en el local de moda de la zona!
"Póngame un Dyc con cola, por favor"-Espetó valiente el poeta , deduciendo que en aquel sitio, lo que se tomaba eran combinados...
"Vamos a cerrar en breve" - Respondíó airado el "guaperas" , claro está , mintiendo , ya que no quería semejante "engendro" entre sus preciosos clientes.
Notándolo , se marchó cabizbajo el chico sin mucho más que hacer , que volver lentamente hacia su casucha de alquiler, ya que el metro , no pasaba desde hacía ya rato.
Caminando por la calle anterior , escuchó una voz que lo llamaba:
"¡Eh! ¡muchacho! Te dejaste esto en el bar"- El poeta se giró y encontró al camarero regordete de bigote, sosteniendo sus hojas con los poemas.
"Son realmente buenos muchacho , no te los dejes por ahí" ¿Qué pasa , no te ha querido servir "el estirao"? ¡A veces se pone muy tonto! - A lo cual el trovador de bodegas asintió triste y recogió sus papelotes ceremonioso.
"No estés triste. Le hace eso a mucha gente, no todo el mundo puede formar parte de su selecta y superficial clientela, son todos de plástico. ¡Incluido el cerebro! -De lo cual rieron ambos profusamente.
"Yo voy a tomar un par al antro de un amigo , ¿Te vienes?- Y claro que se fue, porque era lo primero medianamente positivo que le ocurría con los mortales en apenas tres meses.
El local , no era para tirar cohetes. Dos tipejas fumando dentro , que juntas sumarían , la edad del primer dinosaurio, hallado en estado fosilizado, poniendo verdes a sus ex maridos.
Un camarero con la camiseta mas sudorosa que habrían imaginado en siglos.Dos colgados hablando solos ,con una máquina tragaperras cada uno, y un paisano callado como un muerto , bebiendo un licor, de color indescifrable a grandes tragos,como un diablo nervioso.
Pero había cerveza fresca , y el tío de la camiseta "marrana" parecía majo , así que eso dejaba la ventilación del pantalón en un lugar muy digno.
Cuando salieron de alli , hombro a hombro , cada uno con una de las dos pájaras a desayunar, ya era otra vez de día , y para nuestro amigo llegaba el arrepentimiento, ya que a media mañana , había que estar repartiendo publicidad en las estaciones de metro,para pagar las cervezas , y por la tarde en la oficina , iba a oler a tigre muerto. Pero recordó que peor se lo iba a llevar su compañero de andanzas, que abría el negocio en cuestión de una hora, y sonrió a la vida.
Y así, invitó a la mujer aquella, a un chocolate con porras, en el puesto de la plaza, y se fue a echar el sueño mas corto de sus últimos años, agarrando bien los poemas que le habían llevado a la perdición tan fácilmente aquella noche.
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