En un día de primavera, tras comprender que toda la dureza del invierno sirve , entre otras cosas , para el aprecio, si cabe tanto repentino como fugaz, de todo lo que viene a continuación ,decidió el poeta salir a pasear .
Con sus mariposas por bandera,la camisa de los domingos, y una sonrisa de sábado caminaba ligero, por eso de encandilar a aquella muchacha de rizos color cobre y pecas traviesas , de los juegos de su niñez, con la que llevaba soñando desde que volvió al pueblo a buscar a su vieja madre, para enseñarle las grandezas de la capital donde vivía ahora.
Se cruzaron pocos minutos después de poner un pie en la plaza,y lo dejó desarmado con una sonrisa.
Pertrechada con un cigarrillo rubio, liado a mano , y una mistela en la taberna del pueblo, le recordaba los tirones de pelo y las veces que le había puesto la zancadilla .Y aún así estaba radiante.
Era el día , estaban los arrestos listos , su mamá(ya que estaba como un niño con zapatos nuevos) le había atusado esos pelos que suele llevar tan descolocados, y que ni cortos , ni largos ,le cubren medio ojo izquierdo, dando , si cabe , a nuestro trovador particular, un aspecto mas bohemio.
Cruzó la puerta con tal alegría, que no reparó en los lugareños mirándole de reojo.
Estaban todos.
El hijo de Pascuala la bordadora, esa, que iba a por agua fresca todos los días con su madre cuando era pequeño.
El de Diego, el quesero, quien le daba casi a escondidas un trocito de requesón cuando pasaba por su casa .
El del alcalde, que tantos libros le había regalado de insignes escritores, y a quien tanto amor por la literatura le debía.
Y al fondo, con otras cuatro mozas , ella.
Liando un cigarrillo y con su vino blanco en una copa, manchada de carmín rojo, vestida de verde , y con esa melena rojiza suelta desafiando a los vientos de la sierra.
Repetía en mente la invitación de llevarla con su anciana madre a ver Madrid, pagarles a ambas un hotel ,para que no dudara de sus intenciones, y se iba sonrojando al acercarse a la barra.
Y así, extendiendo el brazo para posarlo sobre el hombro de la chica con un tono cómplice,quedó inmóvil cuando un brazo fuerte lo agarró por la cintura.
"¿Dónde va el forastero? ¿Qué no te fuiste para la ciudad , como los "niños bien" y ahora vienes a "cepillarte" a la guapa del pueblo? ¿No tienes bastante "ganao" allí en los Madriles?,-Era el hijo del quesero , Damián, que parecía haber encontrado tras muchos años , una pasión en común con nuestro poeta de marras. La mujer pelirroja , sentada en la banqueta del bar.
Tristemente, comprendió que las cosas , ya habían cambiado para él ,no eran ya los padres , sino los hijos , aquellos que estaban habitando ese pueblo, y ya no formaba parte activa de ello. Ya que seguido al hijo del quesero , llegaron las demandas , de Tomás,( el concejal de festejos , e hijo del alcalde), y Rómulo el tendero ( la bendita bordadora ,¡ Qué buena era, pero menudo nombre le puso a su hijo!) dos puñetazos , y un bofetón .
Todo ello muy berciano, y con un tono castizo de calidad , por no decir que le dieron de tortas como unos buenos paletos.
De lejos , unas esmeraldas tristes con labios despintados, presenciaron la escena , como debe ser. Como manda la tradición del pueblo.No vaya a pasar , que a la guapa del pueblo , se la pueda llevar un tío, que sea "de fuera", que aquello era muy pequeño , y al día siguiente en misa , todo se sabe.
Y así fue tristemente , como , una de tantas veces , se tuvo que dar de tortas contra la realidad el idealista que hace rimas. Porque no corren buenos tiempos para los soñadores , y para vender felicidad metida en un bote, de esos que destapas y te mueres de la risa, mejor hablemos de tierras, tractores , o de masters.En un mundo donde el amor se puede "cepillar" como a los caballos, seguro que todo se puede montar como a los tractores.Y con las mismas, regresó a la casa familiar , recogió a la vieja, y partieron al día siguiente, ella cabizbaja, y él lloroso y dolorido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario