El Tiempo, que oxidado, se queja de su propia existencia, no entiende de colores, religión o pensamiento.
Recita grave conjuros, y la vida, que antojaba caprichosa, danza sumisa a sus pies.
Nada aguanta los vientos del olvido y el cambio. Negarse,está penado con un sufrimiento,
lento, agónico, y asfixiante.
Así son las leyes de los tiempos;
simples, claras y temidas.
Es recordatorio permanente de que estamos vivos, tenemos caducidad certera ,y ninguna fecha de consumo preferente.
Es el polvo, emisario que avisa ,de que una superficie, ha cumplido su condena,
blanquecino y tímido,
torna en espeso y voraz
Son la vejez y la muerte, la misma final consecuencia,del devenir de los días.
Recia ventisca de años, meses, minutos, horas, segundos, semanas,
que azota dura , impasible, el cuerpo
y la mente humana.
Un torbellino incesante,que termina con las flores,
y arranca de cuajo las plantas.
Es caminata obligada, hacia el ocaso y la noche,
Y es al final , preámbulo, de llegar a la mortaja.
Es el principio o el fin,
de alegría, y esperanza
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