Se ilumina la noche en un intento mágico de ser luciérnaga,
farolillo del alma , mecida por la Luna.
Los vaivenes de una charca hechos ondas, logrados por zapateros saltarines,
danzan caprichosos, concéntricos, perfectos,
revelando un espejo sinuoso.
Lágrimas de rosa, caen cuajadas sobre su tierno lecho de hojas caducas,
que el invierno tapizó sobre los suelos.
Aroma húmedo de lluvia ,chapoteo de ranas y el vuelo de una lechuza.
Brisa fresca entre las copas, roedores al encuentro de sus frutos
y sendas recorridas por las liebres.
Todo esto , aderezado por estrellas, tan claras y unidas por la tibieza de los sueños,
que dibujan , con asombro , una noche más de esta inquieta primavera.
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