jueves, 22 de abril de 2021

Ongaku

Como una ceremonia constante ,  

los sonidos  se deslizan ante la película inconclusa del  humano,

 dejando melodías imborrables  ,

e impresiones únicas, en las retinas secas de nuestra existencia.


Danzas de ternura infantil inspiradas por flautas dulces y panderos,

guitarras adolescentes, reunión furtiva de jóvenes enardecidos,

valses en nupcias ,torpemente iniciados por cuerpos de novios temblorosos.

Recuerdos de amor, encarnados en balada melosa con lágrimas en el rostro,

momentos retratados ,de la euforia en tantas noches de frenesí.

Miedo a la vejez, evocando una pieza  de aquella edad dorada,

compañía invisible ,  de la cama de hospital sin retorno;

llanto irrefrenable, en las despedidas , con forma de canción fraterna,

tonada al rescate , en tibio homenaje al pasado.


Y otra vez, con el llanto rompedor  de un nacimiento,

etérea vuelve,

y marca su presencia

Principio y  fin,

 la música es eterna

En un ciclo interminable de risas y nostalgias´,

la música es la dueña, de la muerte y las vivencias.









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