miércoles, 7 de noviembre de 2018

Apocalipsis 9:1

En el muro de su vana democracia de gritos lastimeros,
desintegrándose a diario ,
por cuantas esquinas de la habitación habitó en vida,
fue un fantasma deplorable.
Cantando coplas de vino, 
arengando a las harpías desde su trono de calaveras de ratones, 
construido por una plañidera en su velorio,
horas atrás,
ensamblado con lágrimas de niños miserables
y suspiros de angelitos negros,tallados en encina, 
resoplaba la campana en mil metales.
Su voz era un helado encorvado de telaraña y miel,
resina harta de los muertos, aliento del infierno con cadenas rastreras
y trapos de sonidos del abismo.
El polvo de sus huesos desgastados, hacía mella en las mejillas de las nubes,
atrapando el hueco recio de una santa espina tuerta ,
justicia perdida ante un cielo rasurado ,sembrado de  rayos y centellas.
La viva imagen del amargor de las navidades pasadas, 
el moho de las almas podridas ,dolor,
y , en definitiva,
un escalofrio hambriento de aquel vagar que no cesa.
Truenos de sangre, gritos de arena,
Y todo se volvió noche cuando a ese quinto Angel, 
le dió por tocar la trompeta.


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