Realmente la traición como tal, es sólo cuestión de un choque interno de intereses.
Por un lado están los principios y por otro bien distinto , latiendo como lobos hambrientos, los objetivos.
Aquellos que se llaman justos, o que llevan pelaje de corderos, y digo pelaje , porque habrán caído como cualquier hijo de vecino en algo parecido aunque lo nieguen más de tres veces en una noche,dicen acompasar sin miedo lo que deben hacer con aquello que desean , pero no es así. Mordiscos de bestias atenazan la cobardía con la que callan, incluso lo que hubieran hecho peor que el resto de los mortales que no se consideran tan ecuánimes.
Luego están aquellos que venderían hasta a su anciano padre, por los placeres de conseguir sus metas ruines, poniendo sonrisas heladas a amigos y enemigos , y desecando la sangre de todo aquel que se fía de cuanto su boca profiere.
En el medio de este par de facciones de fanáticos , estamos el resto, que sin predicar la perfección , ni pretender el daño ajeno , alguna vez hemos pecado humanamente.
Realmente la traición como tal,es sólo la conjugación del hambre con las ganas de comer.
La afinidad de una meta , que por uno mismo no sería conseguida, la búsqueda del pacto con el diablo por el beso de una monja.
Hincarse de rodillas ante el enemigo por una gloria inmerecida dejando atrás la lealtad.
Una estaca en el pecho del confiado.Y así, de estacas , corderos , y mercenarios , se ha venido haciendo la Historia del mundo entera.
Qué razón tiene especialmente esa última frase :)
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