Hoy las ramas rugen calcinadas, y lo agrio de las grietas en el suelo,
se extiende como un parvo por la entraña del bosque,
diluido y sangrante.
Se pierden la pasión y la paciencia, cenizas atoradas en la retina del anciano,
con un rechinar de dientes maldiciendo el destino de su tierra.
Huye la caza despavorida, y el elenco ilimitado de llamas deslenguadas,
persiguen con saltos la lealtad del lobo ciego,
gimiendo mientras se ahoga en la humareda.
¿Quien escuchará los llantos
de los niños en la aldea?
¿Quien cuidará de las flores,
quien limpiará la maleza?
¿Quien nos hará de refugio
si nuestros hogares se queman?
¿Quien desafia , bellaco , a Madre Naturaleza?
No es otro , que el vil humano, que prefiere las monedas.
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